Quejigo del Carbón o del Amo

Quejigo del Carbón o del Amo
Quejigo del Carbón o del Amo en primavera, un Monumento Natural en Valdepeñas de Jaén.

Este singular árbol, el Quejigo del Carbón, está situado en el municipio de Valdepeñas de Jaén, a unos 5 kilómetros la cola del pantano Quiebrajano. El aspecto que presenta este Quejigo del Amo es causa del carboneo, actividad a la cual fue sometido en el pasado. Una práctica tradicional realizada en Andalucía y otras regiones en la que se realiza una poda de las ramas para realizar con ellas carbón, con lo que el árbol queda con un tronco muy grueso pero unas ramas poco desarrolladas.

Este ejemplar puede tener una edad que ronda entre los 500 y los 1.000 años. Este Quejigo tenía la calificación de árbol singular a causa de su belleza y grandiosidad, ya que era uno de los mayores ejemplares de Andalucía, pero posteriormente en 2.001 fue declarado Monumento Natural. Antonio Gala hace referencia a este árbol en su libro “El Imposible Olvido”, donde relata:
«Sin salir de Jaén, en Valdepeñas, visité el Quejigo del Carbón, también viejísimo. Está en una finca privada, y tan continuamente decía su dueño que el árbol era suyo, que terminó por llamarse el Quejigo del Amo».

Quejigo del Amo o Carbón
Quejigo del Amo o del Carbón en Valdepeñas de Jaén

El Quejigo y el Carboneo, una antigua tradición.

Lo más llamativo de este árbol es su enorme tronco en comparación con sus ramas pequeñas y poco desarrolladas en comparación de éste. Esto era a causa de que sus ramas eran cortadas para ser utilizadas para el carboneo, una técnica en la que la madera era sometida a una lenta e incompleta combustión por la falta de oxígeno.

Preparación del Horno para el Carboneo

Para ello se necesitaba leña de árboles trasmochos como este quejigo. Para ello se troceaban las ramas y se procedían a eliminar las ramas delgadas y las puntas inservibles para obtener el carbón, una vez realizado esto se posaban sobre el suelo, el cual era preparado para esta actividad, y poseía forma circular y se limpiaba, además de esto, el terreno era compactado mediante la presión de un apisonado de esta tierra, para así evitar por este la entrada de aire, ya que esto haría difícil controlar el fuego interior durante el proceso.
A continuación se armaba el horno clavando un palo o biga de madera en el centro de forma vertical para posteriormente colocar la leña alrededor de forma uniforme intentando evitar los huecos para realizar una buena cocción dentro del horno. A este se le trataba de dar una forma de cono, para posteriormente recubrirlo de hierbas, musgos, hojarasca o helechos. Tras esto, se extraía el palo central, cuyo hueco haría de chimenea. Ahora, se recubría con tierra toda la estructura como última capa, taponando el agujero de la chimenea para evitar la entrada de tierra en esta. De este modo, con la estructura totalmente cubierta, se evitaba que penetrase el oxígeno y la madera se incendiara.
Para poner en marcha el horno, se realizaba una hoguera junto a este, de la que se sacaban las brasas y se introducían poco a poco por la boca del horno hasta lograr que el fuego tuviera suficiente fuerza para mantenerse solo. En ese momento se tapaba la chimenea repitiendo el proceso del resto de la cubierta con hierbas, musgos, hojarasca o helechos y posteriormente con tierra.

Proceso de Cocción y Carbonización de la Madera

A partir de aquí, comenzaba la carbonización de la madera interior, en especial de la corona, ya que la carbonización se realizaba desde arriba para abajo y desde el interior al exterior, y por ello la estructura tenía que ser vigilada al menos durante las primeras 12 horas. Durante este proceso, y a causa de la pérdida de volumen de la madera al carbonizarse, se tenía que ir compactando el carbón y cerrar los huecos producidos.
Para una correcta cocción, se abrían agujeros por las zonas de menor temperatura y cerrarlos por las de mayor temperatura para así lograr una temperatura e intensidad de cocción homogénea en todo el horno. El proceso de carbonización duraba en torno a una semana según se produjera esta, se producía carbón si el proceso se realizaba de forma correcta. Pero si la cocción era demasiado rápida, el carbón se quemaba y se obtenía carbonilla. Si la cocción fuese excesivamente lenta, se obtenían tizos en las zonas mal cocidas, madera a media carbonización (incompleta). Llegada la hora de apagar el horno, se cerraban los agujeros de ventilación para apagar el fuego interior. Una vez que el carbón estaba frío, se envasaba y se transportaba hasta su destino.